lunes, 23 de mayo de 2011

SERGIO FLORES LE ROBARON LA OREJA GANADA A FUERZA Y VALOR POR UNA PRSEDIDENCIA MESQUINA CON EL NOVILLERO Y REGALONA CON LAS FIGURAS QUE DESCARO

¿A qué huelen las nubes? En Madrid, fijo, a polución. ¿Y el valor? Hasta ayer no tenía olor, era cosa de gente elegida para vencer al miedo hasta amordazarlo. Desde ayer, al menos en Madrid, huele a Flores. A Flores que quieren torear por abajo, ceñido, cuanto más, más valor y más olor. El valor huele a Flores y se dio cuenta hasta el chato con alergia de la andanada del 3. Todos olieron el valor de Sergio Flores. Todos, claro está, menos uno, que irá a La Rioja de cata sonrojante sin quesea nombrado nariz de oro.
Le llamaban Trinidad y tuvo olfato para ver la garra del Cid, figura en malos momentos, tanto que le dio una oreja. Pero al mismo Trinidad le pilló con el tapón en la pituitaria para disfrutar de la fragancia del valor azteca y recio de un joven que se llama Sergio. Claro, que uno huele a rico y el otro a tieso.
El valor huele a Flores y desprende su aroma poco a poco. Primero con el capote aguerrido que suelta nervios; luego, en la réplica al académico Simón, por chicuelinas y tafalleras de baile agarrado. Y por si había holgura y el fato a valiente no calaba, los cambiados que rozaban el celeste y el oro, impávido el tío. El valor huele a Flores y podría ser aroma pasajero de meros alardes, pero no. 
El tal Sergio Flores huele a torero que desea hacer lo caro, todo por abajo, encajado y muy ceñido. Y no solo huele, sino que Flores tiene oído para saber cuando el personal se acostumbra y ningunea su labor callada; es entonces cuando tira de la capeína con media muleta para poner el ¡ay! en boca de todos.
Es cierto que colorao segundo del festejo sacó muchas cosas positivas, como su empuje y su humillación. Verídico que hubo enganchones en muchos finales del trazo a derechas, porque Farolero nunca se iba y remataba cogiendo. Real, que la velocidad y la distancia se pueden equilibrar para un mejor engranaje y que su efluvio termine siendo embriagador. Pero tiempo tendrá de ello, pues novillero es y, por tanto, en fase de aprendizaje está. También es cierto que las bernadinas se firmaron con riesgo y la estocada pareció de maestro.
El mexicano Flores no solo dejó el rastro de su perfume en su primero. Con el quinto enseñó aún más valor. Sedujo al cabal por su forma de plantarse para el natural de riñón partido y trazo, sin importarle demasiado la ausencia de ritmo Chileno, el discontinuo y nada fácil quinto. Un torete, o un toro en toda regla si se compara con otros de este ciclo. De novillero, nada, torillero, en todo caso. Y la criatura se la jugó sin alardes, en sinceridad maciza y callada, aguantando parones y miradas sin pestañeo alguno. Mérito el suyo. Apuesta de futuro debe ser, aunque los presidentes de cara nariz no perciban su edor a valiente.
Dufau huele, por contra, a torero hecho y cuajado, a matador inminente de técnica depurada y escasa expresión.Para él fueron los dos bichos con menos opciones. Su primero, mansito de gestos claros, con apego a chiqueros para sembrar discordias en las cuadrillas. Lo mantuvo en los medios, con el ya casi rutinario cambiado para empezar, con su aseo, su apostura, su oficio y su sosería, también. Culpa de ambos, de torillo y torillero.
El amplio Trineo que hizo cuarto fue aún peor.Igual se iba como un obús a por la cabalgadura de picar que te tiraba un cabezazo espantamoscas sin andabas cerca. Torillo raro este, cambiante, al que la técnica del francés le vino de perlas para no convertirse en Caín. Al final del persistente trasteo lo pisó y lo derribó con voltereta incluida. Dufau mató como matador de toros que será en breve.
Si el valor huele a Flores y Dufau a torero hecho, López Simón deja tufo a ensayo y espejo en todo lo que hace. Trabajadas tiene las formas de una tauromaquia basada en la apostura, en la estética estudiada y, ojo, en los pies plantados. O en las rodillas plantadas, pues a sus dos torillos los comenzó así de muleta, como se reza en la Iglesia. A los dos les aprovechó las inercias de las carreras que vienen de largo. Al primero, además, le sopló una continuación de hinojos llevando y trayendo, con mérito.
Luego, los dos enemigos de este rococó López Simón apenas duraron nada, ni el jabonero de buenos presagios ni el seriote cierraplaza. Fueron dos torillos bien preparados en físico sin fondo de entrega, por eso tal vez toreó mejor de rodillas que puesto en pie.
Queda claro que el valor huele a Flores, a Sergio Flores. Y el palco, cicatero sin nariz con el pobre, a podrido.
Ficha del festejo
Plaza de Madrid. Decimocuarta de San Isidro. Novillada picada. Tres cuartos bien largos, en tarde de calor bochornoso. Seis novillos de Montealto, con cuajo y serios, de mejor fondo físico que genético, desclasados en general. Destacó el segundo por codicioso y el cuarto, en la parte negativa, por complicado.
Thomas Dufau (marino y oro): saludos tras aviso y saludos.
Sergio Flores (celeste y oro): saludos tras petición mayoritaria de oreja y palmas.
López Simón (blanco y oro): saludos y silencio.
Cuadrillas: Destacó el picador Tito Sandoval, que tras ser derribado por el segundo firmó un soberbio puyazo sin cebarse en el castigo.

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